miércoles, marzo 19, 2008

You've got mail.

Publicado por V. en 3:20 p. m. 2 comentarios
No sé por qué últimamente estoy tan adicta al email. No es a messenger, ni a facebook...no; es al email. Paso todo el día pegada, pendiente de si el sobrecito gris de gmail se pone azul. Es como si esperara algo, pero no sé qué. Como si derrepente fuese a llegar un email avisando que he ganado la lotería, ó mejor aún: un email del futuro. Quizás fuese mi "yo" del porvenir advirtiéndome sobre algún hecho en particular ("Valentina, no cruces la calle el 22 de abril o podrías sufrir un grave accidente").
¿Por qué no? Muy de ciencia ficción, pero ya vemos que últimamente todo es posible. Hasta el mundo se está acabando ya! Y es así que estamos iniciando campañas contra el calentamiento global, cuando quizás ya es demasiado tarde. Uff! Me carga ser tan pesimista. Pero bueno, la idea de estar viviendo el "futuro" en el presente me seduce.
No sé por qué, pero últimamente he tenido la sensación de que la gente ya puede comunicarse telepáticamente. Así es, cuando estoy pensando en tonterías nunca falta alguien por ahí cerca que se ríe, ó bien, si estoy triste, alguien me extiende una sonrisa de compasión. Quizás todo sea fruto de mi imaginación, pero me gusta pensar que las cosas que tanto se han predecido a través de la literatura y el cine por fin se estén haciendo realidad.
¿Quién dice que mañana no veremos un auto levitando sobre el pavimento? ¡Sin ruedas! Ó quizás veremos robots haciendo las compras en el supermercado, y ya no viajeremos en Transantiago sino por medio de la teletransportación (donde ¡aleluya! no iremos apretados, sino disueltos molecularmente).
Bien, bien, quizás sólo me estoy adelantando un poquitín demasiado a los hechos a causa de mi ansiedad...sí! Por favor! Que llegue un nuevo email!

jueves, marzo 13, 2008

Maravillas

Publicado por V. en 1:48 p. m. 1 comentarios
Tengo un secreto y no lo voy a contar. Ayer los suspiros abrieron sus pétalos al atardecer, saludando a los pasantes que se dirigían hacia el parque. Las abejas, inquietas e incesantes, danzaban felices alrededor de una enrredadera que había florecido como nunca antes en la vida. Y pensar que ya viene el otoño y que no veremos a las pobres flores hasta el próximo verano.

Me senté no tan cómodamente en una banquita, la única que estaba a la sombra. Aborrezco esa loca manía del sol de ponerse en el lugar menos propicio, porque poco después tuve que cambiar de lugar. Quería leer, pero la tranquilidad del parque se vio invadida por el entusiasmo de la llegada de los escolares que venían saliendo de clases, así que me dediqué a observar.

A mi izquierda se encontraba un grupo de chicos trepando a los postes, como si se tratase de un palo encebado. ¿Cuál es ese afán masculino por demostrar el vigor y la fueza física a los demás? Siempre con sus duelos de gallitos, peleas de pulgares, saltos de rana, carreras de aquí a la esquina. Total que yo no les dí ni bola, porque me cargan los que tratan de hacerse los monos.

En otro rincón, no muy lejos, había un grupo de chicas acicalándose el pelo entre unas y otras. Recordé entonces los tiempos en que yo hacía más ó menos lo mismo con mis amigas. Creo que si hoy en día hiciera eso, todas me mirarían con cara de extrañeza. El tiempo nos ha vuelto serias, y nos obliga a discutir sobre Woolf ó Nietzsche. Quizás ellas ya lo saben, pero nunca se los he dicho: no tengo idea sobre ese Nietzsche. Siempre me dedico a repetir las ideas de los demás y asentir, de manera que parezco inteligente.

Las palomas picoteaban las migas que una vieja había tirado minutos antes. La manía de estas señoras por andar tirando sus restos del pan en lugares que no corresponden, menos mal que las palomas lo asearon con diligencia. El guardaparques miraba con ensoñación a sus aladas servidoras. Y la guagüita que iba en el coche me miró y sonrió.

Me levanté resignada a volver a casa, el plan de lectura había sido un fracaso. No se puede leer con tanta gente haciendo lo suyo, ¿cómo voy a concentrarme? La calle me esperaba para ser cruzada, y el paso de cebra me sirvió como puente entre un mar de autómoviles disparados a gran velocidad.

Las abejas seguían profanando la virginidad de las flores en celo, y las violetas comenzaban a cerrar sus pétalos por miedo a ser ultrajadas de igual manera. Cinco perros de casa se perdieron durante la semana pasada: dos poodles, un chiguaga, un cocker spaniel y un danés. Yo no sé por qué siempre los perros de raza se pierden y los policiales no. Al parecer es una cosa de inteligencia canina.

Di vuelta en la esquina y di un trotecito hasta llegar a casa. La puerta estaba abierta, la nana regaba la calle. Mi perro ladró en señal de bienvenida, mientras agitaba su colita cariñosa. Menos mal que no se ha perdido. Las cosas estaban tan desordenadas como las dejé, me senté en la cama. Entonces recordé que tenía un secreto, me lo habían surrado los suspiros...me sonreí, y proseguí a leer.
 

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