jueves, mayo 15, 2008

More free hugs, please

Publicado por V. en 6:40 p. m. 0 comentarios
Al final del día, caminar hacia la salida de la Universidad suele ser un paseo extremadamente breve y veloz, pues el único objetivo es ir lo más rápidamente posible a tomar el Metro para llegar lo antes posible a casa. Muchas veces voy acompañada de compañeras que van más ó menos en la misma dirección, copuchando sobre el tema de la semana, el último capítulo de la serie favorita, pelando a Pepito ó Menganita...total que los detalles del trayecto son mínimos, ya que mi mente está concentrada en salir lo más expeditamente posible de allí.
Pero hoy fue distinto. Hoy hubo un pequeño alto, una piedrecita en el camino que me hizo detenerme durante más de lo acostumbrado. Parada con cartel en mano, estaba una amiga ofreciendo abrazos en forma gratuita. Al verla, con su sonrisa de oreja a oreja, saltando, tan radiante, persiguiendo a los que venían llegando a la Universidad, no pude sino preguntarme ¿qué hace esta loca aquí?
Simplemente me encogí de brazos y corrí a cobrar el abrazo que tan alegremente ofrecía. Total que sin quererlo me uní a la campaña de los abrazos. Según esta gente, cuatro abrazos diarios son lo mínimo que uno necesita para sobrevivir, ocho para mantenerse y dieciséis para crecer. Entonces me pregunté ¿cuántos abrazos recibo/entrego yo cada día? En conclusión no pude contar más que uno ó dos diarios, y casi en forma excepcional. Al parecer no soy una persona de abrazos, lo cual me parece extremadamente triste de confesar.
Me dí cuenta que siempre había envidiado a esas personas que de la nada saltan con sus abrazos cariñosos y los reparten al mundo entero. Así también siempre he envidiado a las personas que se atreven a decir abiertamente "te quiero". Afortunadamente he estado aprendiendo a manejar esta última técnica últimamente. Saber controlar y manifestar los sentimientos es una cuestión fundamental para sobrevivir día a día.
Y aunque yo sé que la gente en general me considera una persona "cariñosa", jamás he sabido entregar este cariño de una forma física. Recuerdo muy bien cuando mi mejor amiga me decía que daba abrazos de guarisapo. En el fondo porque viscosamente trataba de escabullirme de cualquier muestra física de cariño que amenazara contra mi infranqueable "neutralidad emocional". Sin embargo, de a poco he ido aprendiendo que comprometerse sentimentalmente, aunque puede ser una debilidad, es también una forma de vivir más plenamente de manera que la vida agarra un gustito especial e inolvidable.
Y esto es lo que quiero. Pasar por la vida de igual manera que uno se dirige al Metro me parece la elección más absurda que podría hacer. Ir y abrazar por un minuto a alguien que te ofrece su cariño abiertamente, así como a cualquier otra oportunidad que se presente en el camino, me parece indudablemente mucho más atractivo. Así que no importa cuán zonza me sienta al abrazar a un desconocido, pero sentir ese amor y esa energía es sin duda lo que hace que el día a día valga la pena y no sea sólo un estado transitorio hacia un "más allá" que quizás nunca llegue.
 

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