martes, abril 08, 2008

Maldad

Publicado por V. en 3:28 p. m. 1 comentarios
Mientras caminaba por el pasillo a la salida del colegio, Esteban divisó el carrito del señor de los dulces. En su mente se dibujó la imagen de una deliciosa chocolatina y en su bolsillo tintineaban las monedas necesarias. En su mano izquierda llevaba un retrato de su madre que había pintado durante la clase de arte.
Su hermano Luciano lo acompañaba silencioso, pensando en quizás qué travesuras hacer llegando a la casa. La hermana mayor iba pasos más atrás cargando las mochilas sobrecargadas de peso. Todo parecía ser absolutamente normal hasta que Esteban alcanzó finalmente el codiciado carrito.

"Señor, ¿tiene languetazo?" - inquirió.
"No, lo siento, quizás traiga mañana" - respondió.
"Ahh, entonces voy a querer..." - sugirió.

La hermana entonces se entrometió en la conversación, impidiendo la transacción:

"No, no...demasiado consumismo! Si comes tantos dulces te vas a enfermar de la guatita!"

La estupefacción de Esteban al verse jalado de un brazo en dirección opuesta al carrito se fue transformando en soberana rabieta.

"QUIEEEROOO MI DUUULCEEE!!" - chillaba y chillaba.

La hermana no cedió, y lo fue arrastrando a duras penas hasta el auto. "No, no, no...has comido demasiados dulces esta semana, te vas a enfermar!". Entonces sucedió, dentro de Estaban creció un sentimiento de ira y sed de venganza que no pudo controlar, había que hacer algo!

En el bolsillo las monedas, en la mano izquierda el dibujo para la mamá. Eureca!

"Si no me dejas el comprar el dulce voy a destruir el dibujo de la mamá. Y se va a enojar, y va a ser TU culpa!"

"No me importa, más se va a enojar si andas gastando plata en duces" fue la negativa de la hermana.

"Ah, sí? Mira!" - dijo, mientras arrugaba el papel.

"Noooo, no lo rompas! Está demasiado lindoo! Si quieres, dámelo a mí" - sugirió Luciano.

Pero no hubo caso, ninguna invitación a la razón era válida. Destruir, había que destruir algo, alguien tenía que pagar por tamaña injusticia! Luciano comenzó a llorar, le apenaba que se destruyera un trabajo tan bonito, sobretodo si se trataba de la mamá.

"Viste lo que hiciste? Dejaste llorando a tu hermano!"

"No me importa, déjalo que llore no más. Si no obtengo mi dulce ahora, lo voy a romper no más!".

"Yo que tú sería menos egoísta. Mejor regálale el dibujo a tu hermano, que lo tienes llorando."

En el asiento de atrás, Luciano lloraba a mares. Una profunda tristeza inundaba su rostro, y su boca se había deformado en un puchero. En medio de su llanto, le rogaba a Esteban que por favor no destruyera el dibujo. Esteban no cedió, la hermana tampoco. El dibujo pasó a ser miles de tiritas de papel lanzadas por la ventana. Luciano lloraba y lloraba, sin control. Esteban se quedó de brazos cruzados y frunciendo el ceño.

Llegaron a la casa, y cada uno se dirigió en silencio a su habitación. Sólo se escuchaba el sonajeo de Luciano que lloraba escondido en el baño. Poco después, alguien tocó a la puerta: era Esteban.

"Toma Luciano, te hice un nuevo dibujo. Perdón." - le entregó un pedazo de papel y se alejó.

Luciano miró con asombro la copia casi exacta del original, con lujo y detalle.

"Oye, te faltó pintar aquí" - Esteban se volteó. Se miraron el uno al otro y una sonrisa cómplice se cruzó entre sus rostros. El caso estaba resuelto; la maldad, enmendada.
 

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