domingo, junio 05, 2011

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Publicado por V. en 7:19 p. m. 0 comentarios
Es increíble descubrir las vueltas de la vida. Han pasado varios meses desde mi último post, pero hoy vuelvo a escribir porque ha sucedido algo que realmente amerita ser registrado. Últimamente he estado quejándome de mi falta de inspiración y creatividad para redactar las miles de líneas que faltan para finalizar mi tesis. Sin embargo, hoy me es muy fácil dedicarle estas líneas a una de las personas más importantes en mi vida: mi papá.

Había sido otro de esos días bien ajetreados, corriendo de un lado a otro, la casa llena de gente, sirviendo invitados, tratando de no sucumbir ante el cansancio. Derrepente llamó papá: "Hija, quiero verte". No fue necesario pensarlo dos veces: "Ok, nos vemos".

Tras informarle a mis amigos que debían desalojar mi casa dentro de 15 minutos comencé a preguntarme cuándo había sido la última vez que lo había visto. ¿El funeral de mi abuelito?
Habían pasando unas cuantas semanas desde que había derramado grandes lagrimones en Buenos Aires, al leer un email en que mi papá me recordaba que se había cumplido un mes desde su muerte. Entonces decidí que ya era tiempo: había que retomar la vida.

Lo saludé ante las miradas curiosas de mis amigos, que disimuladamente buscaban el rostro del eterno padre "ausente". Me subí al coche y me concentré en disfrutar del momento.

"¿A dónde vamos?"
"No sé papá, hay un café al que siempre he querido ir...¿vamos?"

No pudo ser una conversación más banal y ligera la que acompañó el café. Hasta hablamos del error que había cometido el gobierno al encargarle el diseño de la imagen país a una empresa extranjera, que jamás lograría captar a la perfección nuestra intrincada idiosincrasia.
Afuera llovía a cántaros.

Regresamos al auto. Hubo una pausa incómoda. Rugió el motor del vehículo con la ignición. Nos alejamos silenciosamente de nuestro punto de encuentro.

Nos detuvo una luz roja. Papá rompió el silencio: "Hija, quiero hablar contigo". Las palabras que prosiguieron en su discurso fueron sin precedentes: mi padre lloraba rogando mi perdón por todos los errores que había cometido conmigo, por todo el dolor que me había causado, por su ausencia.

Y lo más curioso es que mi corazón no podía encontrar siquiera una cosa que hubiera que perdonar. Simplemente, mi corazón nunca guardó rencores. Le tomé la mano y lo miré a los ojos; nuestras almas se conectaron y nuestros labios hablaron de todo: desde el día en que decidió abandonar la casa, hasta el imaginario día en que me encaminaría hacia el altar en el día de mi boda.

"Hija, nadie ni nada nos obliga a ser perfectos ni a cumplir con las expectativas que otros tienen sobre uno. En mi eterna búsqueda por hacer felices a otros me olvidé de buscar mi propia felicidad. Por favor, no cometas mi mismo error."

Me sonreí de sólo pensar en lo parecidos que somos. Dos gotas de agua. Bien podrían ser esas mis palabras dentro de 30 años. Guardé ese consejo como un tesoro. Y yo que tanto me había quejado de la falta de consejo parental, y aquí estaba recibiendo una sobredosis.

"Lo mejor que puede pasarnos en la vida es equivocarnos. Errar nos hace humanos, errar nos ayuda a vivir. Darnos cuenta de nuestras propias limitaciones nos hace disfrutar de las cosas simples de la vida. Y al final son las cosas simples las que más importan, las que más nos hacen felices".

[Las cosas simples. Disfrutar de una sonrisa, cantar, bailar, reír, soñar. Simple. La felicidad es simple, es uno mismo quien lo hace complicado.]

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Es imposible poder registrar todas las palabras que intercambiamos, quizás porque tampoco quiero hacerlo. Las palabras de mi padre son mi tesoro, y yo sabré con quién compartirlas.
Sólo quisiera confesar mi eterna gratitud a la vida. Algunos lo llaman Dios, otros lo llaman Amor, pero sin importar Su Nombre siempre aparece en mis momento de máxima debilidad. Cuando pienso que ya no puedo más, ahí está para acompañarme y darme aliento: Dios, que es amor, se manifiesta a través de las personas que quiero, y que me aman, para darme fuerza. Así, nunca estoy sola.

[Una Conversación Con Mi Padre]

¿Podría estar más agradecida de las cosas simples de la vida?
 

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