Quisiera pedir disculpas a todos mis asiduos lectores--es decir, a mis amigos más queridos---por no haber actualizado este espacio en los dos meses que ya llevo acá, en esta traicionera tierra de la libertad.
Pero bueno, me alegra informarles que a pesar de los altos y bajos este viaje me está haciendo muy bien. Siento, y me doy cuenta, de que estoy creciendo mucho (y no necesariamente para los lados, sino espiritualmente) y que cada día aprendo cosas nuevas. Este aprendizaje no se refiere meramente a una cosa académica (aunque sí, ¡académicamente estoy progresando muchísimo también!) pero también a un aprendizaje de vida. Vivir sola, estar sola...hay tanto espacio para pensar, para desarrollarse. La meditación se ha convertido en mi mejor amiga, y también en mi peor enemiga. A veces simplemente lloro ante la frustración de no poder realizar lo que pienso, o de no pensar como actúo...o más bien ante la eterna contradicción que soy, ante mi compleja complexión, mi infinito vacío interior que busca sujetarse y satisfacerse de lo primero que encuentra a su paso.
Y fue así que descubrí a Violeta. Me encontré con ella primero a través de sus canciones, luego a través de sus décimas, y el resto fue historia! Violeta, mi eterna compañera en los momentos de nostalgia, Violeta mi mentora y amiga. Con ella me siento más acompañada que nunca, con ella me siento más chilena que nunca...con ella me transporto a esa larga y angosta faja de tierra que no logro sacarme de la cabeza.
